Gabriel Zambrano, nacido en Chone (Manabí), llegó a Barcelona a los 19 años con un hijo recién nacido y sin experiencia laboral. Hoy, a sus 44 años, dirige cuatro restaurantes El Manaba en Barcelona (dos), Madrid y Valencia, empleando a cerca de 100 personas de diversas nacionalidades latinoamericanas.
Comenzó con una carnicería llamada Carbona y cafeterías King Coffee, que le sirvieron de capital semilla. En 2018 abrió el primer El Manaba junto a la Sagrada Familia, invirtiendo en maquinaria a plazos ante la negativa de bancos. El local, con capacidad para 300 personas, recrea una «cápsula de memoria ecuatoriana» con matrículas ECU y cañas manabitas Faja Negra.

La clave del éxito: autenticidad y visión global
Zambrano, conocedor de la gastronomía manabita por su origen chonero, supervisa encebollados, ceviches, bollos y platos propios como el «tsunami de marisco». El 70% de ingredientes —plátano, maní, atún, camarones— llega directamente de Ecuador vía su planta en Barcelona. Aunque atrae por nostalgia ecuatoriana, apunta a un público global: turistas, españoles, colombianos y venezolanos llenan las mesas.
«La nostalgia sola no basta», afirma. Los locales céntricos y amplios, con carta que fusiona tradición y innovación, han impulsado el crecimiento. Proyecta más aperturas en España, manteniendo empleo multicultural (ecuatorianos, colombianos, peruanos, catalanes).
Un refugio migrante en el corazón de Europa
Zambrano viaja anualmente a Ecuador y Paraguay (país de su esposa), lamentando la inseguridad en su tierra natal. El Manaba trasciende la comida: es un hogar para migrantes latinoamericanos, donde se come, se habla castellano y se forja comunidad. Su historia inspira a quienes, como él, empezaron desde cero.



