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A 10 años del terremoto de Ecuador: El milagroso rescate de Ariana Santana y sus hijas tras el colapso

Foto: X Tc televisión
Foto: X Tc televisión

El 16 de abril de 2016 es una fecha grabada a fuego en la memoria de Ecuador. A las 18:58, un terremoto de magnitud 7,8 sacudió la costa, transformando ciudades en escombros y vidas en historias de dolor y resistencia. En el quinto piso de un edificio que colapsó en cuestión de segundos, Ariana Santana y sus dos hijas, de 3 y 4 años, quedaron atrapadas, iniciando una lucha desesperada por la supervivencia que hoy, diez años después, se revela en toda su magnitud.

El Quinto Piso: Del Miedo a la Resignación

Ariana recuerda con dolorosa claridad los primeros segundos del sismo. Estaban en su hogar, el lugar que debía ser el más seguro. Cuando las paredes comenzaron a agrietarse y el edificio a ceder, la primera reacción de Ariana fue correr hacia sus hijas para protegerlas. Pero la violencia del movimiento fue tal que se vio superada por las fuerzas de la naturaleza. «Recuerdo la angustia de no poder llegar a ellas, la incapacidad de protegerlas», confiesa Ariana, con la voz entrecortada por un recuerdo que sigue vivo.

En cuestión de segundos, el edificio colapsó. El quinto piso se convirtió en una trampa de concreto, metal y oscuridad absoluta. En ese momento, atrapada e inmovilizada, la desesperación dio paso a una dolorosa resignación. «Pensé que íbamos a morir las tres ahí. Me resigné a morir con mis hijas», relata, describiendo el momento en que la esperanza parecía haberse desvanecido por completo bajo el peso de las toneladas de escombros.

El Milagro del Rescate: «Salió con el 10% de Probabilidad de Vida»

Mientras Ariana y sus hijas luchaban contra el silencio y el polvo en la oscuridad, en la superficie, el caos reinaba. Horas después de la tragedia, los equipos de emergencia, desafiando el peligro de réplicas, comenzaron a llegar. Fabricio Acosta, un bombero del cantón que participó activamente en las labores de rescate en ese edificio, recuerda la escena con precisión. La prioridad absoluta era escuchar cualquier señal de vida entre el silencio sepulcral de la estructura colapsada.

Los bomberos comenzaron a remover escombros con cuidado extremo, guiados por la esperanza y la adrenalina. Fue entonces cuando localizaron a las niñas. «Una de las primeras rescatadas fue una menor», recuerda Acosta con emoción. Su estado era delicado; el peso de los escombros y la falta de aire habían causado estragos en su pequeño cuerpo. La angustia de los rescatistas era palpable. «Recuerdo que una de las niñas salió con apenas un 10% de probabilidad de vida. Era una lucha heroica contra el tiempo», añade el bombero, subrayando la gravedad de la situación en esos momentos críticos.

La Lucha de una Madre y el Dolor de la Pérdida

Tras el milagroso rescate de sus hijas, el trabajo continuó sin descanso para liberar a Ariana. Aunque estaba físicamente atrapada, su mente estaba en otra parte, consumida por la incertidumbre. «Me sentía muy mal por no saber de ellas. No sabía si estaban vivas, quién las iba a cuidar si yo no salía», explica Ariana. La angustia por el bienestar de sus pequeñas y el instinto materno eran más fuertes que cualquier dolor físico.

Finalmente, Ariana fue rescatada. Sin embargo, la alegría de la supervivencia familiar se vio empañada por la tragedia general que envolvía al edificio. Aquella estructura del quinto piso fue un doloroso microcosmos del desastre: de los habitantes, lamentablemente, 7 fallecieron y solo 4 sobrevivieron. Entre las víctimas fatales estaba la sobrina de Ariana, de tan solo 15 años, una pérdida desgarradora que sigue pesando en el corazón de la familia.

Una Lección de Preparación: «Más Equipos Hubieran Salvado Más Vidas»

Fabricio Acosta, al reflexionar sobre la operación de rescate una década después, ofrece una visión crítica y constructiva basada en la experiencia vivida. Reconoce el esfuerzo heroico e incansable de los bomberos y voluntarios, pero también señala las limitaciones materiales de aquel momento. «El haber estado más preparados, con mejores equipos de búsqueda y rescate, nos hubiera permitido ser más eficientes y, posiblemente, salvar más vidas», indica Acosta. Su testimonio subraya la importancia crucial de la inversión continua en formación y tecnología para la gestión de desastres en un país sísmico.

Diez Años Después: Una Nueva Vida y una Nueva Voz

Hoy, a una década de aquel fatídico 16 de abril, Ariana Santana y sus hijas son un testimonio viviente de resiliencia y superación. Las niñas, que eran apenas unas infantes en 2016, son ahora adolescentes que hablan y cuentan su propia historia de recuperación. Han superado los traumas físicos y emocionales, encontrando una fuerza inquebrantable en su unión familiar.

Entre sus anhelos para el futuro, las jóvenes expresan con ilusión el deseo de poder cantar y seguir preparándose académicamente. La música y el estudio se han convertido en vehículos para expresar su alegría de vivir y honrar la segunda oportunidad que recibieron aquel día.

Por su parte, la familia entera disfruta el presente con una nueva perspectiva y gratitud. Fabricio Acosta, el bombero que ayudó en su rescate, continúa su noble labor, pero ahora se dedica a capacitar a nuevos bomberos, compartiendo las lecciones aprendidas en 2016 para que la respuesta a futuros desastres sea cada vez más efectiva. La historia de Ariana Santana y su familia, de la oscuridad de los escombros a la luz de un presente lleno de esperanza, es un recordatorio de que, incluso ante la furia de la naturaleza, el espíritu humano tiene una capacidad increíble para sanar, resistir y, finalmente, volver a cantar.

Tomado de: Tc Televisión

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