Cada mañana, desde las once hasta las seis de la tarde, Magaly Trujillo convierte su puesto en un punto de encuentro para quienes buscan un bocado casero: empanadas de harina, de verde, rellenas de pollo o carne, y un café.
Hace tres años, la vida le puso una dura prueba: enviudó y quedó a cargo de sus seis hijos, cuatro de ellos aún pequeños.
Lejos de rendirse, Magaly encontró en la cocina la fuerza para salir adelante y sostener a su familia.
Hoy, su emprendimiento no solo alimenta a quienes la visitan, también es un ejemplo de perseverancia y amor de madre.
Si quieres disfrutar de sus sabores o apoyar su trabajo, puedes hacer tu pedido a domicilio o visitar su puesto en la esquina de la calle Rubén Guerrero.




