A sus 70 años, Doña Amada Villalta ha encontrado en el crochet no solo un pasatiempo, sino un refugio y una forma de vida. Tras enviudar, dedicó su tiempo y su corazón a los tejidos, transformando hilos y agujas en accesorios llenos de amor, paciencia y dedicación.
Cada pieza es única. Doña Amada comenta que, aunque a veces cuestionan el valor de su trabajo, detrás de cada puntada hay horas de esfuerzo y una entrega que no tiene precio.
Su talento se dio a conocer recientemente en la feria de artes realizada en Shumiral, donde sorprendió a muchos con la belleza de sus tejidos.
Hoy, ella invita a la comunidad a apoyar su emprendimiento. Sus artículos están disponibles en su domicilio, frente al estadio de la comunidad de Shumiral, o a través de un contacto directo.
Al adquirir una de sus piezas, no solo lleva un accesorio hecho a mano, lleva consigo la historia y la fuerza de una mujer que inspira con su arte.




