Ángel Hernández es un hombre cuya vida ha estado marcada por el trabajo incansable, la dedicación y el amor por su familia. Con 78 años, lleva décadas vendiendo chupetes de la manera más tradicional. Desde los 15 años, este oficio ha sido su forma de vida, su sustento y el de su familia.
Lo que más le llena de alegría es ver el reconocimiento de la gente, las felicitaciones por mantener viva esta tradición que ha pasado de generación en generación. Cada palabra de agradecimiento y admiración es un regalo que le da fuerzas para seguir adelante.
A pesar de las dificultades que enfrentan él y su hogar, para él, no hay descanso, pues trabaja de domingo a domingo. Cuando las ventas van bien, puede ganar entre 10 y 15 dólares al día, pero cuando la suerte le es esquiva, apenas logra 3 dólares.
Además, su vivienda, humilde, necesita mejoras para que él y su familia puedan vivir con dignidad. Sin dejar a un lado su salud, pues él requiere atención urgente, necesita medicamentos y una intervención quirúrgica para poder comer.
Su historia es un testimonio de lucha, de un hombre que ha dado lo mejor de sí mismo durante toda su vida. Y hoy, él necesita más que nunca de la solidaridad de todos. Con una pequeña contribución, o simplemente comprándole sus chupetes, se puede dar el alivio y permitirle seguir adelante con la misma fuerza que lo ha caracterizado siempre.




