
Quince días después del accidente que acabó con la vida de Rosa, una madre de 43 años, sus cinco hijos todavía enfrentan las consecuencias de aquella tragedia. Tres ya regresaron a casa, mientras otros dos permanecen hospitalizados.
El accidente ocurrió el domingo 30 de agosto, en el norte de Ambato. La familia había salido horas antes de su vivienda, en Belisario Quevedo, Latacunga, con destino a Baños, para aprovechar los últimos días de las vacaciones escolares.
Rosa viajaba en la cabina de la camioneta junto al conductor y su hijo de 3 años. Los otros cuatro hermanos iban en el balde. El vehículo sufrió dos impactos: el primero lanzó a los menores dentro del balde y, en el segundo, Rosa salió despedida de la cabina y sus hijos terminaron sobre la calzada. El conductor también resultó herido.
Desde entonces, la familia ha pasado de los hospitales a los trámites y de las consultas médicas a las cuentas por pagar.
Tres de los cinco hermanos, de 24, 17 y 9 años, ya recibieron el alta médica. Sin embargo, todavía necesitan medicamentos, alimentación especial y cuidados.
Los otros dos continúan hospitalizados. El menor, de 3 años, permanece en el Hospital Vaca Ortiz, en Quito, acompañado por una prima, mientras que una adolescente de 14 años sigue internada en el Hospital de Latacunga.
Los hermanos intentan recuperarse
Aracely, de 17 años, todavía tiene dificultades para caminar, utiliza una sonda y siente dolor al respirar. Sin embargo, asegura que ahora piensa principalmente en sus hermanos.
Su padre murió hace seis años, durante la pandemia, y desde entonces Rosa quedó al frente de sus hijos. Tras la muerte de su madre, Aracely siente que deberá asumir parte de esa responsabilidad.
“Les voy a apoyar en lo que más pueda. Soy como la mamá y el papá de ellos”, dijo.
Richard, de 9 años, también recuerda el accidente. Estaba despierto durante el impacto y logró sujetarse. Cuando intentó pedir ayuda, se lastimó un pie al bajar de la camioneta. Tiene una fractura, pero ya está en casa junto a sus hermanos.
Aracely incluso pidió el alta para poder despedirse de su madre. Los vecinos colaboraron con una silla de ruedas para trasladarla.
La familia enfrenta una difícil situación económica
Rosario de la Cruz, hermana de Rosa, es una de las familiares que actualmente cuida a los menores. El día del viaje decidió quedarse en casa porque debía cubrir los gastos escolares y una operación de su hijo.
Antes de salir, Rosa le pidió que cuidara la casa. Poco después, recibió la llamada que confirmó la tragedia.
Para afrontar los primeros gastos, la familia ya vendió una vaca. Ahora calcula que quienes permanecen hospitalizados requieren unos USD 35 diarios por persona, mientras que los hermanos que están en casa demandan más de USD 50 diarios entre alimentación, medicamentos y cuidados.
A estos gastos se suman las terapias de Aracely y los traslados. La vivienda familiar también necesita puertas, ventanas y algunas adecuaciones para proteger a los niños del frío.
Los familiares aseguran que siempre han trabajado para sostener a los cinco hermanos, pero esta vez los gastos superaron sus posibilidades.
Su principal pedido es ayuda para que los menores puedan continuar con sus tratamientos y para que los dos que siguen hospitalizados tengan lo necesario durante su recuperación.
Mientras se recupera de sus propias heridas, Aracely mantiene una meta: que sus hermanos regresen a clases, terminen el colegio y lleguen a la universidad. Ese, asegura, era uno de los deseos de su madre.
Las personas que deseen brindar apoyo a los cinco hermanos pueden comunicarse al 098 050 2518.



