Lo que debía ser una celebración terminó convirtiéndose en una tragedia marcada por la venganza.

En 2008, un cabo de la Policía Nacional fue asesinado con 45 puñaladas en la provincia de Cotopaxi, apenas un día antes de contraer matrimonio.
Las investigaciones determinaron que el crimen fue planificado por su expareja sentimental, quien, junto a un cómplice, ejecutó el ataque motivado por resentimientos personales. Tras años de proceso judicial, ambos fueron sentenciados a 20 años de prisión por asesinato y continúan cumpliendo su condena.
El caso, considerado uno de los más impactantes de la época por la brutalidad del ataque y las circunstancias que rodearon la muerte del uniformado, volvió a la opinión pública luego de que se recordara cómo la víctima fue emboscada cuando ultimaba detalles para su boda, truncando un proyecto de vida que estaba a punto de comenzar.



