Hay padres que no solo trabajan, sino que también crían con responsabilidad, amor y trabajo digno. Jefferson Ramírez es el vivo ejemplo de ello, recorre el cantón Santa Rosa con su uniforme de EMASEP, cumpliendo su ruta de recolector de basura, trabajo que le permite llevar le sustento a su hogar.
Su trabajo es duro, pero siempre mantiene una sonrisa; considera que la ciudadanía no necesita conocer sus problemas y prefiere entregar compromiso y alegría en cada esquina.
Cuando termina la jornada, en casa lo espera su hijo Liam, de apenas 3 años. Jefferson es padre soltero y se encarga de todo: cocina, limpia, organiza y cuida a su pequeño. Liam y su hija son su motor diario. Sin embargo al despertar la sonrisa de su pequeño Liam lo motiva a seguir adelante.
Todo esfuerzo tiene sentido para él. Cada trabajo, por humilde que parezca, tiene valor y dignidad. El uniforme no define a la persona; lo hace su compromiso, y lo dice con firmeza.
A veces solo vemos un uniforme. Y olvidamos a la persona. El valor de alguien no está en el trabajo que hace, sino en cómo asume su vida.
Respetar también es reconocer. Porque detrás de cada trabajador, hay una historia que merece ser contada, y la de Jefferson es una de ellas: un padre que asumió la crianza con responsabilidad, amor y compromiso.




