En Camilo Ponce Enríquez, hay historias que no buscan aplausos, pero dejan huella. La de Don William Vera, conocido con cariño como “Sapito” Vera, es una de ellas. Don William habla hoy desde un lugar distinto. Ya han pasado seis años desde que decidió alejarse del consumo de sustancias y del alcohol. Para algunos podría parecer un dato más; para él y su familia, es un triunfo diario.
Recuerda su pasado sin idealizarlo, como una etapa que no desea volver a vivir. Haberlo superado le permitió recuperar algo invaluable: tiempo y presencia junto a los suyos. Su hijo se ha convertido en su mayor motor, la razón que lo impulsa cada día a mantenerse firme, a seguir el camino que eligió.
La familia, esa que estuvo, que esperó y que hoy acompaña, es también su refugio y su alegría. Compartir momentos, conversaciones y sonrisas es parte de la recompensa silenciosa de no haberse rendido.
Desde su experiencia, Don William deja un mensaje claro a los jóvenes: encontrar un propósito, algo que les dé sentido, puede marcar la diferencia. Su historia no pretende dar lecciones, solo mostrar que sí se puede cambiar, que nunca es tarde para empezar de nuevo y que la superación personal también se construye desde la humildad.



