
La movilidad de los aproximadamente 300 habitantes de la isla Santay quedó afectada desde el 13 de noviembre de 2025, cuando la embarcación ‘María José’ impactó el puente basculante que conecta la aldea ecológica con la calle El Oro, en el sur de Guayaquil. Este es el tercer choque de consideración en ocho años, además de varias colisiones menores que han deteriorado progresivamente la estructura.
Tras el impacto, el paso peatonal quedó cerrado totalmente y Santay volvió a depender exclusivamente del transporte fluvial. El cierre ha encarecido los desplazamientos diarios, afectando también las visitas turísticas y la actividad deportiva habitual en la zona.
Personal técnico indicó que la losa dañada ya fue reparada, pero aún falta reponer 50 metros de barandales metálicos, lo que mantendrá el puente inhabilitado al menos dos semanas más, hasta garantizar condiciones de seguridad para transeúntes. Esta decisión ha generado molestia entre los habitantes, quienes recuerdan que en ocasiones anteriores pudieron cruzar con precaución mientras continuaban los trabajos.
Desde la mañana siguiente al choque, los residentes retomaron el uso de canoas, con un costo de USD 1 por viaje.
Adrián Parrales, obrero de 34 años, detalló que unas 20 personas se trasladan a la ciudad cada día por trabajo, mientras que unos 30 estudiantes cruzan normalmente hacia escuelas en Guayaquil. Sin embargo, ahora muchos no pueden cubrir los gastos diarios.
“Se nos encarece el pasaje diario… No nos dan razón de cuándo se reabrirá”, dijo Parrales, quien solía hacer el tramo en bicicleta.
Para algunas familias, el cierre incluso obligó a modificar rutinas escolares. Una madre relató que su hijo y una sobrina dejaron de cruzar a Guayaquil porque no pueden costear el transporte: “Mi hijo está recibiendo clases por teléfono”.
El cierre también incrementa otro problema: el robo de partes metálicas de la caminera que conecta al puente con la aldea ecológica. Los habitantes denuncian que personas desconocidas están sustrayendo aluminio de barandales y soportes, aprovechando la falta de tránsito.
Esta caminera —de poco más de 1,5 kilómetros— está deteriorada desde hace años, con maderos hundidos, piezas faltantes y tramos sin barandas. El área depende del Ministerio del Ambiente, pues Santay es un Área Nacional de Recreación y humedal protegido. La falta de mantenimiento desde 2017 ha reducido también el atractivo turístico del sitio.
“El puente es necesario. Somos cerca de 300 habitantes y no queremos que lo retiren. Sin puente, todo se nos complica”, expresó la residente Gladys Guzmán.



