Para los estudiantes de Shumiral, conocer la historia no siempre significa leer en un libro. Muchas veces, es escuchar a Don Jacinto Zambrano. Ellos lo visitan con preguntas y curiosidad, y él, con paciencia y cariño, les abre la puerta a un pasado que todavía late en su memoria.
Con sus relatos, los jóvenes descubren un Shumiral distinto: un lugar cubierto de bosques, con el río Gala como compañero de la vida diaria. Allí las familias cazaban para alimentarse y en sus aguas claras abundaban peces y camarones.
Don Jacinto recuerda también a los primeros pobladores, hombres y mujeres que, con esfuerzo y unión, levantaron los cimientos de la comunidad. “Fueron ellos quienes empezaron todo esto”, dice con gratitud.
Cuando habla de la escuela, sus ojos se iluminan. Era pequeña, sencilla, pero llena de sueños. Hoy, esos sueños se han multiplicado en más aulas, más maestros y más oportunidades para los niños y jóvenes que ahora lo escuchan.
Las fiestas del 29 de abril son otro recuerdo que le arranca una sonrisa. “Ese día nadie se quedaba en casa, todos bailaban y celebran juntos.
Para los estudiantes, escuchar a Don Jacinto no es solo aprender historia. Es sentir que el pasado está vivo y que el futuro puede construirse con la misma unión y esperanza de quienes levantaron este lugar.



