
Después de varios meses de desabastecimiento en hospitales del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), que obligaron a miles de afiliados a costear sus propios tratamientos, finalmente comenzaron a llegar medicamentos a las unidades médicas. El anuncio fue realizado por el presidente del organismo, Edgar Lama, en medio de la presión social y mediática que generó la crisis.
La escasez de fármacos se convirtió en uno de los principales reclamos de los afiliados, quienes denunciaron que el instituto no pudo garantizar ni siquiera los insumos básicos para enfermedades crónicas y de alta complejidad. La exposición de los casos en medios de comunicación y redes sociales derivó en fuertes críticas hacia la gestión institucional.
Lama reconoció errores internos y la negligencia de funcionarios en los procesos de compra, aunque aseguró que se están adoptando medidas para corregir los problemas y restablecer el abastecimiento regular. No obstante, el anuncio no ha frenado las críticas ciudadanas, que consideran que la solución llega tarde y responde más a la presión pública que a un plan estructural.
“Los daños ya están hechos, hubo pacientes que interrumpieron tratamientos vitales y eso no se puede revertir con comunicados tardíos”, cuestionó un representante de los asegurados, reflejando la desconfianza que aún persiste hacia la institución.
La crisis del IESS ha puesto en evidencia la vulnerabilidad del sistema de salud pública y reavivado el debate sobre la transparencia en los procesos de contratación, mientras pacientes y médicos esperan que el suministro de medicamentos se mantenga de manera sostenida y no se trate de una solución temporal.




