
El portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) para medios árabes, Avichay Adraee, emitió la noche del jueves 19 de junio un «aviso urgente» de evacuación para los residentes de la zona industrial de Sefidrud, al norte de Irán, “en preparación para nuevos ataques” dirigidos contra infraestructura militar del régimen iraní.
Horas después, medios internacionales como Fars (Irán) y Al Jazeera (Catar) informaron que se activaron defensas antiaéreas en la ciudad de Rasht, a pocos kilómetros del área señalada, y se escucharon explosiones en la zona.
Esta acción ocurre justo cuando se cumple una semana desde que Israel lanzó una ofensiva directa sobre suelo iraní, justificando los ataques como una respuesta al presunto avance del programa nuclear iraní, al que considera una «amenaza existencial».
Desde entonces, ambas naciones han intercambiado oleadas diarias de misiles, dejando un saldo de al menos 224 muertos en Irán y 24 víctimas en Israel, según cifras oficiales, aunque organismos civiles sostienen que las cifras reales serían más altas.
En paralelo, el conflicto ha desatado una creciente preocupación global. Suiza cerró su embajada en Teherán, y Reino Unido evacuó a todo su personal diplomático. La ONU ha recibido una denuncia formal de Irán por “crímenes de guerra”, mientras que Israel acusa a Teherán de atacar objetivos civiles, incluida una mezquita en Haifa.
También se confirmó el arresto de un ciudadano europeo en el noroeste de Irán por presunto espionaje, en medio de crecientes medidas de seguridad interna.
En EE.UU., el expresidente Donald Trump anunció que decidirá en dos semanas si su país interviene directamente en el conflicto, una decisión que podría escalar la guerra a un nivel regional de consecuencias impredecibles. Irán advirtió que una intervención estadounidense “desataría un infierno en toda la región”.




