
La minería submarina se posiciona como una estrategia clave para potencias como China y Estados Unidos, que buscan acceder a minerales escasos en la superficie terrestre pero abundantes en el fondo del mar. Elementos como cobalto, níquel, cobre y tierras raras son altamente valorados por su uso en tecnologías limpias, baterías de vehículos eléctricos, supercomputadoras e inteligencia artificial.
Esta actividad, aunque aún en fase de exploración, ha generado preocupación internacional por sus posibles impactos ecológicos. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), las técnicas utilizadas podrían generar contaminación acústica y lumínica, además de afectar hábitats marinos frágiles por la liberación de sedimentos.
China ya ha firmado acuerdos con países insulares del Pacífico como las Islas Cook para explorar sus aguas territoriales, mientras que la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA) ha entregado más de 30 licencias de exploración, cinco de ellas a China. En tanto, Estados Unidos, bajo el liderazgo del expresidente Donald Trump, ha incentivado a empresas como The Metals Company (TMC) a solicitar permisos para operar en aguas internacionales, sin pasar por la regulación de la ISA, de la cual EE.UU. no es miembro.
Frente a este escenario, países como Francia, Alemania, España y Ecuador han firmado una moratoria que exige mayor regulación sobre esta actividad. El llamado fue respaldado durante la reciente Cumbre de la ONU sobre los Océanos, donde se advirtió que ninguna nación debe actuar unilateralmente en aguas internacionales.
El Tratado Global de los Océanos, adoptado en 2023 por 116 países, busca proteger la biodiversidad marina más allá de las zonas económicas exclusivas. No obstante, se espera que entre en vigor recién en 2025, siempre que alcance 60 ratificaciones. En Estados Unidos, su aprobación aún es incierta debido al cambio en el liderazgo político.
Mientras tanto, la disputa por los recursos del fondo marino ya ha comenzado y las consecuencias podrían ser tan profundas como los océanos mismos.




