
La detención de tres presuntos integrantes de GDO, entre ellos dos jóvenes de 16 y 18 años, ha encendido las alarmas en Quito. El operativo, ejecutado tras un secuestro exprés en el norte de la ciudad, reveló que la organización estaría reclutando menores de edad para actividades delictivas y entrenándolos dentro de la capital.
Uno de los detenidos, de 30 años, confesó ante la Policía Nacional ser sicario de la banda y haber asumido el rol de instructor de los jóvenes, lo que confirmaría los temores de que el grupo narcodelictivo ha comenzado a operar con fuerza fuera de la Costa, su zona de influencia tradicional.
Este caso, calificado por investigadores como un posible intento de establecer «escuelas del crimen» en la Sierra, pone en evidencia la expansión territorial de estructuras GDO.
La criminalista Alexandra Mantilla, experta en crimen organizado, advierte que la capital se encuentra en una fase crítica: “Quito podría convertirse en un nuevo centro logístico y de adiestramiento criminal si no se actúa con rapidez. La presencia de estos grupos no es casualidad, es una estrategia”.
El uso de menores por parte de estas bandas no solo refleja una nueva modalidad de reclutamiento, sino también una adaptación táctica para evadir controles y generar menos sospechas en zonas aún no saturadas por el crimen organizado.
Las autoridades han reforzado el monitoreo en varios barrios del norte y sur de la capital, mientras crece la preocupación ciudadana ante la infiltración del narcotráfico en comunidades vulnerables.
La presencia de organizaciones GDO en Quito marca un cambio profundo en el mapa criminal del país, y plantea nuevos desafíos para las fuerzas de seguridad, que ahora deben enfrentar una amenaza que se mueve más allá de sus fronteras tradicionales.




