
Esmeraldas atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia, sumida en una crisis de contaminación ambiental sin precedentes. La provincia sufre en silencio, enfrentando una devastadora afectación a la salud, el medio ambiente y el bienestar de miles de personas. La situación empeora con el reciente daño al Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE), que la ministra de Energía, Inés Manzano, calificó como un «sabotaje».
Este incidente, ocurrido en un área vulnerable del SOTE, ha provocado un derrame de crudo en Quinindé, cuyas consecuencias no solo han sido desastrosas para el entorno, sino que también han paralizado temporalmente la producción y exportación de petróleo, afectando gravemente la economía local.
Mientras tanto, las autoridades siguen sin ofrecer detalles precisos sobre el volumen del petróleo derramado, y en Esmeraldas, la situación de emergencia es aún más angustiante. Mujeres embarazadas pierden a sus hijos, y tanto niños como adultos padecen enfermedades relacionadas con la contaminación.
Ante este panorama, los responsables prefieren desviar la atención de sus errores y culpar a sus rivales políticos, en lugar de asumir su incompetencia y buscar soluciones efectivas para la población que, día a día, ve cómo su vida se ve devastada por la inacción y la negligencia.




