En una pequeña vivienda a las orillas del Rio Gala, en la Comunidad de El mirador, encontramos a Don Carlos Jiménez y su esposa, la señora María García, quienes, junto a su hija adolescente, enfrentan una dura realidad. Con un único ingreso proveniente de un bono, la familia lucha día a día por satisfacer sus necesidades básicas.
Don Carlos, debido a su edad y problemas de salud, solo puede trabajar uno o dos días a la semana, sin un empleo fijo, lo que hace que su situación económica sea aún más difícil.
La familia muchas veces se ve obligada a salir en busca de algo que llevarse a la boca, y gracias a la solidaridad de amigos y vecinos generosos, logran acompañar sus comidas con lo poco que tienen.
La vivienda, un espacio reducido, se comparte entre los tres, y aunque lo poco que poseen ha sido donado por entidades, la pareja pide ayuda urgente para mejorar su hogar y poder vivir en condiciones dignas.
Don Carlos también hace un llamado a quienes puedan brindarle la oportunidad de trabajar, ya que está dispuesto a laborar en el campo o en la pesca, áreas en las que tiene experiencia y disposición.




