El régimen de Bashar Asad cayó la madrugada del domingo tras una repentina ofensiva insurgente que se extendió por todo el territorio occidental de Siria y tomó la capital en apenas diez días. Las facciones rebeldes entraron esta madrugada en Damasco y declararon la ciudad «libre», poniendo fin a 53 años de gobierno de la familia Asad, un régimen que aterrorizó a su población durante décadas.

El presidente derrocado, Bashar Asad, huyó de la capital la madrugada del domingo. Según dijo a la agencia rusa TASS una fuente en el Kremlin, Asad y varios miembros de su familia han llegado a Moscú y la Federación Rusa les proporcionó asilo.
Las fuerzas oficialistas abandonaron rápidamente sus posiciones y el aeropuerto internacional de la ciudad ante el avance de los militantes insurgentes. La televisión estatal turca mostró imágenes de los puestos de vigilancia de la policía vacíos y de civiles acercándose al centro de la urbe para celebrar la caída del presidente. La radio estatal siria Sham FM, declaró que el aeropuerto de Damasco había sido evacuado y los vuelos suspendidos. Aún así, centenares de ciudadanos se acercaron al lugar en un intento de salir del país tras las noticias de la huida del presidente Asad.
Militantes opositores tomaron la televisión estatal siria y anunciaron en directo que el país había sido «liberado». «El tirano Bashar Asad ha sido derrocado. Todos los prisioneros de la prisión de Damasco han sido liberados. Deseamos a todos nuestros combatientes y ciudadanos que preserven y mantengan la propiedad del Estado sirio. Larga vida a Siria», anunciaron. Los insurgentes aludieron a la prisión de Sednaya, a las afueras de Damasco, donde el régimen de Asad retenía a miles de opositores.
«Estoy en mi casa y no me he ido, esto es por mi pertenencia a este país», declaró el primer ministro sirio, Mohammed Ghazi Jalili, tras añadir que estaba dispuesto a «tender la mano» a los rebeldes y entregar sus funciones a un gobierno de transición. En un vídeo publicado por los militantes opositores, Jalili abandona su residencia escoltado por los rebeldes, en un intento de mostrar una transición de poder pacífica. Jalili declaró que su última conversación con el derrocado presidente se produjo la noche del sábado, pero no dio más detalles sobre el encuentro. Por su parte, la milicia HTS prohibió a sus combatientes «acercarse a instituciones públicas» que permanecen bajo la supervisión del «ex primer ministro» hasta que sean entregadas oficialmente.
El Mando de Operaciones Militares de la coalición de grupos islamistas y proturcos que dirige la ofensiva insurgente, envió un comunicado señalando que Damasco, una de las ciudades más antiguas del mundo, está «libre del tirano Bashar al Asad», mientras que el Observatorio Sirio de Derechos Humanos asegura que el presidente sirio abandonó el aeropuerto de la ciudad en un avión «especial».
Además, la ONG con sede en el Reino Unido y una importante red de colaboradores en el terreno, indicó que «los oficiales de las tropas de seguridad del régimen se retiraron del Aeropuerto Internacional de Damasco tras el despegue de un avión privado que probablemente transportaba a Bashar al Asad».
Miles de personas, en coches y a pie, se congregaron en una de las principales plazas de Damasco, saludando y coreando «Libertad» tras medio siglo de gobierno de la familia Assad, según testigos.
Los islamistas confirmaron también de la toma de la cárcel militar de Saydnaya, situada a unos 30 kilómetros al norte de Siria y uno de los centros de represión del régimen de Bashar al Asad, y la liberación de sus prisioneros.




