
Treinta años después de empezar sin capital y con galpones arrendados, Francisco Pazmiño lidera una empresa con presencia nacional, proyección internacional y una apuesta técnica en el negocio del camarón.
En Ambato, a inicios de los años noventa, Francisco Pazmiño tomó una decisión que marcaría su vida: no ser empleado. Recién graduado en 1990 de Ingeniería Zootécnica en la Escuela Politécnica de Chimborazo, arrancó con 200 pollos, galpones arrendados y préstamos. “No tenía capital, nada. Todo fue con crédito y con riesgo”.
Tres décadas después, Avipaz factura US$ 40 millones (2025), tiene presencia en todas las provincias —incluidas Galápagos— y proyecta superar US$ 45 millones en 2026.
Durante más de diez años combinó la producción de huevos con el desarrollo de balanceado, llegando a manejar 80.000 aves y 60.000 huevos diarios. Pero eligió cambiar el rumbo: “O dormir bien o comer bien. Yo elegí dormir bien”. Dejó la presión de la avicultura y apostó por un modelo más técnico y escalable: la fabricación de alimento balanceado.
La primera planta operó en el patio de la casa de su madre. La regla era clara: reinvención constante y cero lujos. Décadas después, esa disciplina permitió consolidar dos grandes líneas industriales: alimento pecuario y alimento extruido para mascotas, peces y camarón.
Hoy su estrategia no es volumen, es margen. “Apuntamos a la venta rentable, no a la venta loca”, insiste. Evita depender de clientes gigantes y prioriza una cartera diversificada. Si produce 4.000 toneladas mensuales, ningún cliente puede representar más del 5 %.
En los últimos dos años invirtió cerca de US$ 4 millones en balanceado para camarón, apuntando a nichos técnicos como microcroquetas especializadas. Además, inició exportaciones a Perú y analiza la apertura de una planta en ese país.
Avipaz emplea actualmente a 140 personas y prevé llegar a 180 con la consolidación de la nueva línea.
Para Pazmiño, el objetivo es claro:
“La empresa tiene que sobrevivir a las personas”.
No juega a ser el más grande del agro ecuatoriano. Juega a ser el más estratégico.
Tomado de: Forbes Ecuador




