Esa consistencia espesa que se eleva desde una olla hirviente, ese aroma dulce a ishpingo, canela y clavo de olor, solo puede significar una cosa: llegó la temporada de colada morada. Una bebida que no solo se prepara, se recuerda, se comparte y se siente; una tradición que ha trascendido generaciones y que, cada Día de los Difuntos, une a las familias ecuatorianas en homenaje a quienes ya no están, pero siguen presentes en la memoria.
En Camilo Ponce Enríquez, la señora Blanca Sangurima es la encargada de deleitar el paladar con esta bebida ancestral. Con dedicación prepara la colada morada siguiendo las recetas heredadas, cuidando cada detalle para mantener intacto su sabor tradicional.
Blanca recibe pedidos y los entrega en diferentes presentaciones; y, como no puede faltar, también ofrece la guagua de pan, inseparable compañera de esta fecha.
Afirma que lo importante no es la cantidad que se prepara, sino el cariño con que se hace, porque cada taza es un gesto de recuerdo para quienes ya no están.



