
El 29 de enero de 2022, César Apolinario, de 39 años, ingresó a la Clínica Montefiori en La Molina, Lima, por un dolor en la rodilla causado durante una jornada laboral. El diagnóstico inicial fue una lesión leve, pero una resonancia posterior reveló una fisura de meniscos. Se le programó una artroscopia, considerada una intervención de bajo riesgo.
Sin embargo, tras la operación, César comenzó a perder sensibilidad en las piernas y sufrió retención urinaria. Un informe médico posterior reveló que desarrolló paraplejia y, según un peritaje forense, esto se debió a una incorrecta aplicación de la anestesia epidural, que habría causado daño en la médula espinal.
Durante su recuperación, contrajo una infección urinaria provocada por la bacteria Klebsiella Blee. A pesar de recibir tratamiento durante más de un año en la misma clínica, su condición empeoró. En junio de 2024, al ser derivado al hospital Edgardo Rebagliati, los médicos le informaron que la infección se había extendido y que debía amputarse las cuatro extremidades para sobrevivir.
Apolinario ha demandado a la Clínica Montefiori por negligencia médica. En respuesta, el centro médico negó haber cometido errores y atribuyó las complicaciones a una reacción adversa a los medicamentos y al uso prolongado de sonda Foley, lo que —según afirmaron— puede derivar en infecciones graves.
Mientras la denuncia avanza en el Segundo Juzgado Civil de La Molina, el caso de César Apolinario reabre el debate sobre la responsabilidad médica y la atención postoperatoria en centros de salud privados del país.




