
En Nicaragua, las tradicionales procesiones de Semana Santa ya no recorren las calles: la fe se vive puertas adentro ante restricciones impuestas en los últimos años.
Lo que por generaciones fue parte esencial de la Semana Santa —viacrucis, nazarenos, cirineos y procesiones— ha desaparecido del espacio público.
En ciudades como Nindirí, intentos por mantener estas tradiciones han terminado en escenas de persecución policial, como ocurrió en 2023, cuando jóvenes que representaban a personajes bíblicos tuvieron que huir y abandonar cruces y vestimentas.
Aunque no existe un decreto oficial, sacerdotes y fieles denuncian intimidación constante, lo que ha llevado a que las celebraciones se limiten al interior de los templos.
Estas restricciones forman parte de un contexto más amplio de tensiones entre el gobierno de Daniel Ortega y la Iglesia católica, que se han intensificado desde 2018.
Hoy, en Nicaragua, la Semana Santa se vive en silencio y bajo resguardo.




