Hay historias que no necesitan aplausos, solo ser contadas. Historias que, en medio de la sencillez, encierran una grandeza profunda.
Esta… es una de ellas.
En la parroquia Carmen de Pijilí, vive un hombre cuya vocación nació del dolor… y floreció en servicio. Don Luis Reinoso Aucay, promotor de salud, guía, y curador de almas por más de dos décadas. Todo empezó cuando tenía apenas 17 años. Una enfermedad en su familia y la impotencia de no poder ayudar, sembraron en él una necesidad: aprender para sanar.
Su padre le regaló un libro de medicina natural… y ahí comenzó un camino que no tendría vuelta atrás.
En 1976, gracias al impulso del padre Hernán Rodas, viajó a Quito. Ahí recibió su primer curso de primeros auxilios. Fue el inicio formal de su labor como Promotor de Salud. curó gripes, resfriados, dolores… y hasta trajo niños al mundo. Sí, también asistía partos.
Su servicio se mantuvo activo hasta cerca del año 2000, cuando su propia salud le pidió una pausa. Fue un momento difícil, pero su legado… ya estaba escrito en cada vida que tocó.
Porque hay personas que nacen para servir… Y otras, como don Luis Reinoso Aucay, que deciden hacerlo toda la vida.




