Hoy quisimos vivir de cerca el trabajo que hay detrás de dos productos que llegan todos los días a tu mesa: la leche… y el cacao. Nuestra primera parada fue en el establo de la hacienda Samanes, donde cada mañana, comienza la labor del ordeño. Y es Don Francisco Sánchez quien nos explicó con paciencia cómo se realiza esta labor de recolectar la leche fresca para consumo local.
Confieso que quise intentarlo… ¡y no es tan fácil como parece! Se necesita técnica, delicadeza y respeto por el animal. Cada gota cuenta y es el resultado del esfuerzo diario de muchas manos campesinas.
Una vez realizado nuestro trabajo de ordeñar, tocaba guardar parte del ganado.
Las vacas, que ya conocen la rutina, regresan tranquilas a su espacio… y nosotros, felices de haber sido parte de ese ciclo tan natural.
Luego, cabalgamos hasta otra parte de la finca y entre toda la vegetación que nos rodeaba llegamos a la cacotera.
Me enseñaron a tumbar el fruto… uno por uno, con cuidado. Luego, lo abrimos, y adentro… esa pulpa blanca que guarda las semillas, las que después se convertirán en chocolate.
Las semillas se recogen en baldes, que luego viajan a un espacio donde manos expertas las desvenan, una a una. Después, se empacan en sacos, listos para ser fermentados, secados y vendidos.
Detrás de una taza de chocolate caliente… o un vaso de leche fresca, hay historias. Porque aquí. Hay tierra, tradición, trabajo… y sobre todo, gente buena que le pone el alma a lo que hace.
Hoy quisimos mostrarte eso. Para que la próxima vez que disfrutes de estos sabores, recuerdes de dónde vienen.




