
En medio de un paisaje desértico en la costa ecuatoriana, la nueva prisión de máxima seguridad “El Encuentro” ya toma forma tras 300 días de intensa construcción. Ubicada en la comuna Juntas del Pacífico, en la provincia de Santa Elena, la cárcel representa la apuesta del gobierno de Daniel Noboa para enfrentar la profunda crisis penitenciaria que azota al país.
El diseño del centro carcelario se inspira en el modelo impulsado por Nayib Bukele en El Salvador, famoso por su enfoque de máxima seguridad y control absoluto sobre la población penitenciaria. Ecuador busca replicar esa fórmula en un contexto donde, entre 2021 y 2024, más de 500 reos fueron asesinados dentro de prisiones del país.
La obra, que tuvo una inversión aproximada de USD 52 millones, incluye instalaciones de alta seguridad: pabellones con capacidad para albergar a 800 internos, seis torres de vigilancia, y una muralla perimetral de nueve metros de altura, compuesta por seis metros de concreto y tres metros de malla antiescalamiento.
El Gobierno ha denominado a esta edificación como la “Cárcel del Encuentro”, en línea con el plan penitenciario que busca recuperar el control del sistema carcelario y debilitar el poder de las bandas criminales que operan desde dentro de las prisiones.
Desde su anuncio en junio de 2024, el proyecto ha estado bajo constante observación por su ambicioso cronograma. Hoy, casi al término de su construcción, se espera que la cárcel entre en operación en las próximas semanas, marcando un hito en la transformación del sistema penitenciario ecuatoriano.
Con esta y otra megacárcel aún por iniciar, el presidente Noboa busca replicar el impacto disuasorio que ha tenido el “modelo Bukele” en la reducción del crimen organizado en El Salvador, mientras en Ecuador continúa la lucha contra el narcotráfico, las mafias carcelarias y la creciente violencia.
La obra ha generado tanto apoyo como cuestionamientos: mientras algunos la consideran una medida firme contra la impunidad, otros advierten que sin reformas estructurales y garantías de derechos humanos, el encarcelamiento masivo podría ser solo una solución temporal. Sin embargo, el mensaje del Gobierno es claro: “El Estado está retomando el control”.




